martes, 31 de agosto de 2010

Vacaciones verano 2010: A Coruña y la costa de la muerte (III)

Comienzo el tercer día de mis vacaciones por la Costa de la Muerte y me dirijo a Cabo Finisterre, uno de los puntos más occidentales de la península ibérica. Es un sitio de visita obligada puesto que es el “final” del Camino de Santiago, ya que es costumbre para muchos peregrinos, una vez que han obtenido la Compostelana, venir hasta el Cabo Finisterre (o Fisterra en gallego) y quemar sus ropas. Otros dejan sus camisetas colgadas en los postes eléctricos, incluso muchos dejan sus bastones clavados como símbolo.


Me dirijo después, recomendado por la dueña de la casa, María, una mujer encantadora donde las haya, hacia un parque eólico en Ézaro. Los domingos abren las compuertas de la presa durante dos horas y se produce una gran cascada. El espectáculo atrae multitud de turistas, que también se lo saben, pero es que realmente merece la pena verlo.


Así continúo por toda la costa hasta que llego a Muros, lo que se puede considerar como el límite entre las Rías Bajas y la Costa de la Muerte. La carretera es preciosa, trascurre por todo el borde del mar y por el camino se puede disfrutar de playas tan hermosas como la que os muestro en la foto. Mucha gente no hace justicia a la belleza de la zona, quizá por el nombre tan terrorífico que tiene, pero se pueden encontrar playas que no tienen que envidiar en casi nada a las mejores de España, eso sí, sin tanta gente.


Tras un largo camino, regreso a la casa ya tarde y me echo una buena siesta hasta la hora de cenar. Hay un matrimonio nuevo con dos niños encantadores. En las mesas, la dueña enciende unas velas en las mesas para que el ambiente sea más acogedor, entonces uno de los niños me empieza a cantar el cumpleaños feliz. La madre trata de explicarle al niño que no es mi cumpleaños, sino que las velas son para adornar la mesa, pero lo que la madre no sabía es que ¡¡¡ HOY ES MI CUMPLEAÑOS !!!.

Ya veis, la madre no tuvo en cuenta que hay un día del año en el que no puede decir lo que dijo y era hoy. Lo más curioso de todo es que, aunque me felicitó por teléfono mucha gente, gracias a ese niño no me quedé sin que me cantaran el cumpleaños feliz.

Por lo demás, hoy es el último día de fiestas en el pueblo, pero yo estoy tan cansado que hoy si que no me entero de nada y me duermo relajado pensando en lo bonito que es que haya gente que se acuerde de ti.

Vacaciones verano 2010: A Coruña y la costa de la muerte (II)

Con los ojos todavía llenos de legañas y habiendo dormido apenas 5 horas me levanto para ducharme y bajar a desayunar. La verdad es que la habitación es preciosa, pero el baño invita a quedarte horas dentro. A mi siempre me da pereza afeitarme, pero en un baño así casi estoy deseando que me salga la barba para hacerlo.


Aunque en la foto no se ve, hay una ventana de madera a la derecha por donde se ve un paisaje de montaña maravilloso, no tanto como el que veía Heidi en Los Alpes, pero no me puedo quejar. Además hace un sol radiante y una temperatura ideal, media España está rondando los 40 grados y aquí estamos a 25, así que hoy he decidido que voy a visitar la ciudad de A Coruña.

Es la única de las grandes ciudades del norte de España que todavía no había visitado, pero no me defrauda, guarda ciertas similitudes con otras grandes ciudades como Gijón o Santander. Dedico toda la mañana a recorrer el paseo marítimo desde el estadio de Riazor hasta la Torre de Hércules, sin parar de hacer fotos a todo lo que me parece interesante.

Por la tarde decido descansar y me voy a la playa de Razo, un gran arenal pero con un oleaje considerable que hace las delicias de los surfistas de la zona.  


Por la noche, de nuevo el ruido de la verbena, aunque el cansancio acumulado consiguen que me duerma un poco antes, sobre las dos de la madrugada. Al día siguiente me enteré que duró hasta las 7 de la mañana, pero yo ya estaba pensando en otras cosas por entonces …

lunes, 30 de agosto de 2010

Vacaciones verano 2010: A Coruña y la costa de la muerte (I)

Por fin llego a Galicia. Tras dejar el equipaje en la casa rural en la que me alojaré los próximos cinco días, me voy a comer al pueblo cercano de Caión. Después de los atracones gastronómicos de Astorga, decido comer alguna ración, algo ligero, así que me decido por una cazuela de almejas, pulpo y langostinos.

Los que viajamos solos, a menudo tenemos problemas para comer de ración, o sólo podemos probar una o dos cosas o nos tenemos que dejar los platos a medias, salvo que ofrezcan medias raciones, pero la cazuela me permite probar varias cosas en una sola ración.

En la mesa contigua se sientan unas mujeres de unos 60 años, me fijo en una de ellas que lleva multitud de pulseras y alguna cadena, aparentemente de oro, pero me llama la atención que lleva una pulsera de banderas españolas de estas que venden los moros. Está contando a sus compañeras de mesa un viaje reciente a Madrid y Toledo, relata con pasión su viaje al Valle de los Caídos, al Palacio de El Pardo en Madrid y al Alcázar de Toledo recordando a sus compañeras la famosa conversación del general Moscardó donde no aceptó la rendición ante el bando republicano, que tenía apresado a su hijo.

Esta visto que no me libro del abuelo Patxi (como les jode a los fascistas que le llame así) vaya donde vaya. Pero hay que reconocer que este hombre levanta pasiones en una gran parte de la población española.

Termino de comer y me voy a dar un paseo por una playa cercana. Aunque está nublado, hace un día muy agradable para pasear, momento que aprovecho para hacerme una foto. Al final aprendí a utilizar el disparador automático y sólo es cuestión de buscar un sitio donde poner la cámara.


Tras la siesta de rigor, la tarde es tranquila y la dedico a visitar Malpica y Corme, dos villas marineras que también están en fiestas. El resto del día transcurre con normalidad y, cansado del viaje, decido acostarme pronto. Pero, casualidades de la vida, el pueblo en el que estoy alojado también está en fiestas y esa noche tenemos verbena hasta altas horas de la madrugada.

¡¡¡ Creo que debo tener un sexto sentido para ir allá donde hay fiesta !!!

Tras oir todos los pasodobles conocidos y la mitad del repertorio de Isabel Pantoja consigo dormirme en torno a las 3 y media de la madrugada. Espero que mañana esté más cansado porque todavía no se acaban las fiestas…

domingo, 29 de agosto de 2010

Vacaciones verano 2010: Astorga y la comarca de la maragatería (II)

En mi segundo día por la zona decido acercarme a León. Todo el mundo ya me había advertido que León tiene poco que ver, apenas la Catedral, la Plaza Mayor y las calles del Barrio Húmedo. Pues como suele pasar en estos casos, todo el mundo no puede estar equivocado y en un par de horas termino mi visita por la capital. Eso sí, todo hay que decirlo, la Catedral es impresionante y la vista de las vidrieras en un día soleado, como era el caso, merece la pena.

Tras una copiosa comida y la correspondiente siesta decido salir de visita por los pueblos maragatos. Empiezo por Castrillo de los Polvazares, un pueblo precioso y muy bien cuidado pensando, sobre todo, en el turismo.


Continúo sin rumbo fijo y voy pasando por una serie de pueblos perdidos en unas carreteras impracticables: Santa Colomba, Lúyego, Val de San Lorenzo, hasta que llego a Santiago Millas. Decido poner fin a mi periplo maragato y me paro a tomar una cerveza en este último pueblo. Por un momento pienso que ha sido un día muy tranquilo, pero mejor así, no todos los días puede tener uno experiencias como las de ayer.

Pues mientras pensaba esto mismo, se me acerca un hombre y me da una tarjeta de visita, mientras me dice que si necesito algo le puedo llamar. En ella pone que este hombre era curandero e iridiólogo, de un pueblo cercano llamado, curiosamente, Curillas. Me la guardo por cortesía, pero empiezo a pensar qué habrá visto este hombre en mi cara para darme la tarjeta.

 ¿Tan mala cara tengo? ¡¡¡ Pero si mi madre me dice que estoy muy guapo !!!

Una vez superada la perplejidad inicial me doy cuenta que sólo es una estrategia de marketing y le dará la tarjeta a todos los que vea por la zona. Me quedo más tranquilo, creo que mi madre tiene razón y, aunque un poco tripón, eso si, yo me veo muy guapo. Hoy dormiré tranquilo, mañana me espera Galicia.

sábado, 28 de agosto de 2010

Vacaciones verano 2010: Astorga y la comarca de la maragatería (I)

Hace algunos años que ya no hago viajes muy largos de una sola vez y siempre busco un lugar a mitad de camino donde pasar alguna noche, así que este año decido pasar un par de noches en Astorga.

Lo primero que hago nada más llegar, después de dejar las maletas en la habitación, es irme a comer su famoso cocido maragato. Para los que no lo sepáis, es un cocido muy parecido al madrileño, pero con la peculiaridad de que se come “al revés”, primero la carne, luego los garbanzos y, por último, la sopa.

Pero, claro, si lo pensáis detenidamente, ¿quienes somos los madrileños para decir que se come al revés? Ellos pensarán que somos nosotros los que nos lo comemos al revés y tienen todo el derecho a hacerlo. Además creo que es más inteligente comer el cocido como lo hacen ellos, porque al menos yo, cuando llego a la carne ya estoy lleno y me la dejo entera, de esta manera, si sobra algo es la sopa.

Tras una siesta de tres horas en las que no me podía levantar de la cama bajo los efectos del cocido y de la botella de vino que me soplé, me decidí a visitar la ciudad.

Hay que reconocer que Astorga es un sitio encantador, nada más llegar te encuentras con la Catedral y el Palacio de Gaudí, verdaderas maravillas arquitectónicas, pero es el sitio menos indicado para visitar si estás haciendo dieta, ya que la mayoría de los escaparates te recuerdan lo típico de la zona: hojaldres, mantecadas y chocolate.

Continúo mi paseo hacia la Plaza Mayor, son las fiestas de Santa Marta y están montando un escenario, y cual es mi sorpresa cuando descubro que por la noche toca Ariel Rot. Siempre pensé que este hombre envejeció todo lo que tenía que hacerlo antes de los 30 y, desde entonces, se conserva exactamente igual.


Me viene a la cabeza una canción de su etapa de Los Rodríguez con la que me siento identificado:

No importa el problema, no importa la solución.
Me quedo con lo poco que queda entero en el corazón.
Me gustan los problemas, no existe otra explicación.
Esta si es una dulce condena, una dulce rendición.

¡¡¡ Qué tiempos aquellos de Los Rodríguez junto a Andrés Calamaro !!! Pues aunque no pensaba salir por la noche, cambio de opinión y voy a ducharme y a cambiarme de ropa. Compruebo horrorizado que no soy capaz de abrocharme el último botón de los vaqueros, me consuelo pensando que es porque están recién lavados, pero ¡¡ NO, ESTOY GORDO !!, así que me prometo a mi mismo que a la vuelta de vacaciones volveré a hacer bici de nuevo.

Durante el concierto, delante de mí tenía a una chica que estaba en un estado de éxtasis total con Ariel Rot y que necesitaba media plaza para ella sola. Cada cierto tiempo me daba unos meneos en mis partes que si no llega a ser porque estaba embutido en los vaqueros, no sé como hubiera acabado la noche.

Por lo demás, el concierto estuvo muy bien; especialmente me llamó la atención una versión tango de la que para mí es su canción más emblemática “Mucho mejor”

Dulce como el vino, salada como el mar,
princesa y vagabunda, garganta profunda,
sálvame de esta soledad.

domingo, 22 de agosto de 2010

¿Maniático yo? Que va, sólo un poco raro ...

Si miramos la definición que nos proporciona el diccionario, en lo que respecta a temas de salud mental, encontramos que la palabra manía describe dos condiciones muy distintas:
  • “Especie de locura, caracterizada por delirio general, agitación y tendencia al furor”
  • “Extravagancia o preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada”
Está claro que, llevados al extremo, ambos problemas pueden ocasionar deterioro en la convivencia de una persona e interferir en la realización de sus actividades cotidianas; sin embargo, sólo la primera es considerada propiamente como manía, aunque la opinión popular se suele inclinar por darle tal nombre a la segunda.

Pues para no contradecir esta aclaración, yo he decidido llamar “rarezas” a lo que consideraba  “manías”, como la mayoría de los mortales entendemos como manía y no lo que la Psiquiatría o la Psicología consideran como tal. Sólo quiero aclarar que estas rarezas mías no son obsesiones, simplemente que me gusta hacer las cosas así porque me ha ido bien de esta manera y no siento necesidad de cambiar. 

Tampoco quiere decir que las personas que convivan conmigo las tengan que tener, ellas también tienen las suyas y yo las respeto.  De igual manera, no son exclusivas mías y seguro que hay miles de personas que las tienen, nadie tiene la patente de ninguna por mucho que se crea lo contrario. 

Pues nada, aquí tenéis algunas de mis rarezas más curiosas, espero que os ayuden a conocerme algo mejor y, en cualquier caso, a que paséis un buen rato.

  • Poner el volumen de la radio del coche en números pares. Quizás esta sea la más rara de todas ellas, pero siempre llevo el volumen de la radio en un número par. Por eso, cuando quiero subir o bajar el volumen lo hago de dos en dos y, a veces, se produce una situación incómoda porque si la radio está muy alta y la bajo dos números se me queda muy baja y viceversa. También me ha pasado que cuando mi acompañante varía el volumen, me toca ir detrás para corregirlo y se me quedan mirando como un bicho raro.
     
  • Poner la alarma del despertador en un minuto acabado en 6. Esta tampoco tiene una justificación aparente, simplemente se ha hecho una costumbre y como no tengo necesidad de cambiarla pues continúo con ella, al fin y al cabo, ¿qué más da despertarse a las 6:35 que a las 6:36?
     
  • Poner el rollo del papel higiénico con la caída hacia fuera. Esta es la única rareza que puede convertirse en conflictiva si las personas que conviven contigo tienen la costumbre contraria. Entonces se produciría una “guerra” y nos pasaríamos el día cambiando el sentido de la caída. Pero como tengo las de ganar porque mis circustancias me obligan a pasar por el servicio a menudo, al final se aburren de mi y me dejan por imposible.
     
  • Tender los calcetines del mismo modelo juntos y con pinzas del mismo color. Siempre creía que ésta tenía más que ver con mi condición de Virgo y esa obsesión por el orden que tenemos casi todos los que nacimos bajo la influencia de este signo zodiacal, aunque después descubrí que mi madre (Aries de pura cepa) también la tiene, por eso ya dudo si hay un factor genético en ella. Realmente creo que lo hago para entretenerme mientras tiendo la ropa y se me haga más divertido, tan simple como eso.
Seguro que hay muchas más y según se me vayan ocurriendo las iré compartiendo con vosotr@s en futuros post, pero al menos estás os servirán para conocerme algo más y no verme como un “bicho raro” si os toca sufrir alguna de ellas.