Comienzo el tercer día de mis vacaciones por la Costa de la Muerte y me dirijo a Cabo Finisterre, uno de los puntos más occidentales de la península ibérica. Es un sitio de visita obligada puesto que es el “final” del Camino de Santiago, ya que es costumbre para muchos peregrinos, una vez que han obtenido la Compostelana, venir hasta el Cabo Finisterre (o Fisterra en gallego) y quemar sus ropas. Otros dejan sus camisetas colgadas en los postes eléctricos, incluso muchos dejan sus bastones clavados como símbolo.
Me dirijo después, recomendado por la dueña de la casa, María, una mujer encantadora donde las haya, hacia un parque eólico en Ézaro. Los domingos abren las compuertas de la presa durante dos horas y se produce una gran cascada. El espectáculo atrae multitud de turistas, que también se lo saben, pero es que realmente merece la pena verlo.
Así continúo por toda la costa hasta que llego a Muros, lo que se puede considerar como el límite entre las Rías Bajas y la Costa de la Muerte. La carretera es preciosa, trascurre por todo el borde del mar y por el camino se puede disfrutar de playas tan hermosas como la que os muestro en la foto. Mucha gente no hace justicia a la belleza de la zona, quizá por el nombre tan terrorífico que tiene, pero se pueden encontrar playas que no tienen que envidiar en casi nada a las mejores de España, eso sí, sin tanta gente.
Tras un largo camino, regreso a la casa ya tarde y me echo una buena siesta hasta la hora de cenar. Hay un matrimonio nuevo con dos niños encantadores. En las mesas, la dueña enciende unas velas en las mesas para que el ambiente sea más acogedor, entonces uno de los niños me empieza a cantar el cumpleaños feliz. La madre trata de explicarle al niño que no es mi cumpleaños, sino que las velas son para adornar la mesa, pero lo que la madre no sabía es que ¡¡¡ HOY ES MI CUMPLEAÑOS !!!.
Ya veis, la madre no tuvo en cuenta que hay un día del año en el que no puede decir lo que dijo y era hoy. Lo más curioso de todo es que, aunque me felicitó por teléfono mucha gente, gracias a ese niño no me quedé sin que me cantaran el cumpleaños feliz.
Por lo demás, hoy es el último día de fiestas en el pueblo, pero yo estoy tan cansado que hoy si que no me entero de nada y me duermo relajado pensando en lo bonito que es que haya gente que se acuerde de ti.
