Sobre la hora de comer llego a mi nuevo alojamiento en un pueblo a dos kilómetros de Villaviciosa llamado Lugas. Si la casa de Galicia era maravillosa, ésta todavía lo es más. Me dan una habitación tipo dúplex, con un baño y un salón en la planta inferior y una cama de 1,80 toda para mí en la planta superior y con unas espectaculares vistas a la montaña y a la iglesia del pueblo.
Suelo escoger bastante los alojamientos donde voy, pero creo que este año me he superado. Además estoy teniendo bastante suerte y el buen tiempo me está acompañando todo el viaje.
Dejo el equipaje en la habitación y me bajo a comer, como no podía ser de otra manera, una fabada asturiana. La última vez que visité Asturias, de 9 días que estuve, en 7 de ellos comí o fabada o fabes con almejas, no lo puedo evitar, me encantan las fabes y, como además esta vez viajo sólo y no tengo que levantarme al servicio para expulsar los gases (vamos, para tirarme pedos), pues todavía me sientan mejor.
Tras una nueva siesta de tres horas, sobre la que omitiré detalles, me bajo a Villaviciosa a pasear por las calles del pueblo. Este es uno de mis destinos obligados siempre que vengo de vacaciones a Asturias. Soy una persona de costumbres y siempre hay una serie de lugares y de acciones que tengo que hacer casi por obligación cuando voy de vacaciones a una zona habitual, por eso me voy a tomar mi botellita de sidra a la Sidrería Bedriñana, enfrente del mercado de Abastos de Villaviciosa.
A lo mejor es manía mía, no lo dudo, pero a mí no me sabe igual la sidra depende de quién y cómo te la escancien, y en esta sidrería siempre me supo la sidra más buena, así que, ¿ para qué voy a cambiar ?
Como estoy cansado del viaje, decido retirarme a cenar y descansar en el hotel, mañana será otro día y mejor … ¿o no?
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