Hoy toca otra de las visitas obligadas, Gijón. Hace un día estupendo para hacer una visita, está nublado y el termómetro marca 23 grados. Eso sí, no es el día ideal para hacer fotos. Las cámaras digitales, salvo que sean muy buenas, no hacen fotos de gran calidad cuando escasea la luz. También es verdad que no nos leemos el manual para ver que configuración es la más idónea en estos días.
Al llegar a la iglesia de San Lorenzo hay mucha gente en la puerta, descubro que hay una boda, con un Rolls Royce en la puerta esperando la salida de los novios.
Pienso en los novios y les deseo la mejor de las suertes pero, pobrecillos, todavía no saben lo que están haciendo. Es curioso como en esos momentos todos creemos en aquello de “… hasta que la muerte nos separe …”, yo no me casé pero también llegué a creer en ello alguna vez. Luego la convivencia, las infidelidades, … y muchas otras cosas que no vienen al caso hacen que entre un 40 % y un 50 % de parejas acaben separándose. Eso sin contar con la multitud de ellas que no formalizan la separación pero que son verdaderos extraños en su propia casa.
Continúo la visita y llego al Ayuntamiento, de nuevo otra boda, esta con música popular y una espectacular traca de petardos a la salida de los novios.
Después de comer, me dirijo a descansar un rato y ¡¡¡ SORPRESA !!! Están celebrando una boda en el hotel rural en el que me alojo. Con el jaleo no puedo dormir la siesta, pero en el fondo me siento feliz por todos ellos y deseo de todo corazón que formen parte de ese porcentaje a los que sólo la muerte les separará.
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