miércoles, 21 de abril de 2010

¿Se puede permanecer impasible ante algo así?


Esta claro que en España no hemos superado todavía la guerra civil y seguimos inmersos en las “dos españas”. Todas las guerras deben ser muy duras, los de nuestras generaciones no lo sabemos (por fortuna) aunque podemos intuirlo, pero las guerras civiles son todavía más crueles porque unos y otros son “hermanos”.

No me interesa posicionarme de un lado o de otro en este pequeño comentario, no es lo que busco hoy, pero sencillamente tengo que reconocer que, leyendo testimonios de familiares de víctimas, se me ponen los pelos de punta y me viene a la cabeza la pregunta del título.

Este es un testimonio publicado en el diario El País del día 15 de abril:

Hilda tenía cinco años cuando perdió a sus padres, ambos maestros, como ella. "Se conocían desde pequeños, iban siempre juntos. Nunca se habían separado. A mi madre fueron a buscarla cuando iba a abrir el colegio. Ocho años después, en su acta de defunción, escribieron como causa de la muerte: 'Hecho de guerra'. Abrir el colegio de un pueblo era un hecho de guerra. Mi padre fue a buscarla al día siguiente y lo mataron también. Ella está enterrada en una cuneta. A él lo tiraron por un barranco. Son desaparecidos. A las tres hermanas nos separaron, cada una con un familiar. Ya nunca volvimos a estar juntos"

O este otro del mismo diario el día 18 de abril:

"A mi familia la destruyeron. Mataron a mi padre, un campesino analfabeto, por ser de UGT. Vinieron a buscarlo una madrugada. Lo sacaron en calzoncillos, le ataron con unos alambres ... Y lo mataron."
Le faltaban dos meses para cumplir los seis años cuando mataron a su padre, pero la escena se le quedó grabada y, 73 años después, es incapaz de contarla sin romper a llorar. "A mi padre se lo habían llevado hacía unos días y mi madre estaba cosiendo, intentando pensar en otra cosa. Entonces llegó un amigo de la familia y le dijo: 'Mercedes, ha pasado lo peor: Han matado a Miguel'. Mi madre gritó y le dio un cabezazo a la máquina de coser. Empezó a sangrar. Mis hermanos empezaron a llorar al verla a ella con la cara llena de sangre y yo también, aunque entonces no entendía lo que estaba pasando".

Pero los falangistas volvieron. "A los 20 días, se llevaron a mi hermano, que aún no había cumplido los 18 años, a las trincheras para luchar en el bando de los asesinos de su padre. Desertó. Le cogieron. Le mandaron a un campo de concentración en Ávila y luego a otro en Sevilla, y allí lo torturaron hasta la muerte... Y después, volvieron a por ella. La metieron en la cárcel por ser esposa y madre de rojillos. ¿Se imagina lo que le debió de pasar por la cabeza viéndose en una celda, viuda, con un hijo muerto y siete sin padre ni madre? "

Todos sabemos que hay cosas que nunca se olvidan, simplemente se perdonan o se aprende a vivir con ellas, pero viendo la dureza de estos testimonios me doy cuenta que hay cosas que ni se pueden olvidar, ni se pueden perdonar, ni (lo peor de todo) se puede aprender a vivir con ellas.

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