miércoles, 14 de abril de 2010

Vacaciones en Cádiz. Y sigue sin llover ...


Es verdad que las previsiones metereológicas cada vez fallan menos, pero fallan, por eso nunca hay que perder la esperanza. Según los telediarios de la mañana e, incluso, de El País hoy espera un día lluvioso, pero bueno, al fin y al cabo estoy de vacaciones y eso es lo importante.

Como todavía no llueve, decido ir a Zahara de los Atunes, otro de los sitios privilegiados de la costa gaditana. Muchos famosos tienen casa en las urbanizaciones cercanas, verdaderas mansiones, está claro que el dinero hace posible estas cosas, pero ya podían arreglar los socavones de la carretera de acceso.

De vuelta paso por Barbate (de Franco): ¡¡ Otra vez el tío Paco en mis oraciones !!

No lo puedo evitar, cada vez que paso por algún pueblo de estos, como El Ferrol (del Caudillo) o Llanos (del Caudillo), le tengo que poner la coletilla. Por fortuna, ya las quitaron hace unos cuantos años, muy a pesar de algunos pero ¿Qué pensarían ellos de un pueblo llamado Colmenar de Zapatero o Alcalá de Llamazares? Los pueblos no son de nadie y, si acaso, de sus habitantes.

A todo esto, sigue sin llover y ha salido un sol radiante, por lo que continúo mi viaje hacia Vejer de la Frontera. Este es otro de los pueblos imprescindibles para visitar en Cádiz, eso sí, con unas buenas zapatillas y habiendo desayunado bien, ya que todas las calles están en cuesta. Mientras paseo por las calles de la judería, espero impaciente a que aparezca un bandolero a los Curro Jiménez y me atraque, pero hoy no es mi día de suerte.

Por el camino me llama la atención un placa homenaje a la mujer:


Me viene a la cabeza el problema que tenemos con la violencia de género, van 6 mujeres muertas en abril y sólo estamos a día 13, pero hoy no es el día de hablar de ello, prometo dedicar un post a este tema más adelante.

Vuelvo al hotel y sigue sin llover. En la habitación me encuentro con algo curioso:


Me han hecho una especie de cisne con las toallas, está claro que se están currando la propina. Si me dejan dormir de aquí al final, prometo que me lo pensaré.

Me echo la siesta y sigue sin llover. Bajo a la playa y sigue sin llover. No sólo eso, sino que hace el mejor día de playa de todos los que llevo aquí, así que me lanzo a por mi paseíto diario. Las playas muy largas tienen un problema para los paseantes, que nos ponemos a andar, disfrutando del momento, y no caemos en que tenemos que volver. De repente, miramos hacia atrás y vemos a lo lejos (pero muy a lo lejos) una torre, pues bien, resulta que esa es la mitad del camino.

Acaba el día y sigue sin llover. Desgraciadamente, mañana dan lluvia otra vez y 2 días seguidos no se equivocan.

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