lunes, 12 de abril de 2010

Vacaciones en Cádiz o cómo sobrevivir al viento de Levante (y II)


Escarmentado de la experiencia del día anterior, decido pasar la mañana en el pueblo de Chiclana. No había estado nunca, pero tampoco me he perdido nada apasionante. Excepto las casas blancas, el resto es parecido a lo que se puede ver en Getafe cualquier sábado.

Así que, huyendo del bullicio veo un cartel de Medina Sidonia a 18 km. y, en otra de mis ideas geniales, decido subir, desafiando de nuevo al viento de Levante. Tras aparcar en un parking público “gratuito”, pero con un gorrilla esperando para darte los buenos días, empiezo mi nueva lucha con el feroz enemigo.

Aquí, el viento parece que ha pasado antes por el frigorífico, pero un valiente como yo no se puede echar atrás, así que empiezo mi ascensión hacia las ruínas del castillo.

Debieron ser 300 ó 400 metros de subida, pero a mi me pareció el Anglirú. Seguramente, entre el viento y la cuesta, mi estado de ánimo no estaba en su mejor momento para contemplar tanta belleza (a cualquier cosa le llaman castillo, perdón, ruínas), pero al menos, me sirvió para recuperar el apetito.

Tras la siesta de rigor y sin poder dar mi paseo vespertino por La Barrosa ya que el viento estaba en su peor momento, decido pasar la tarde con “mis alemanes”. Según me acerco al bar empiezo a oir unos gritos que desmontan mi teoría de que los alemanes no gritan. El hotel es un complejo en el que casi te da tiempo a hacer la digestión de vuelta del comedor a la habitación



Pero no eran los alemanes, el hotel se había llenado de españoles (casi todos andaluces) para pasar el fin de semana y, de todos es sabido, que hablar bajo no es una de nuestra virtudes.

Cómo no puede ser de otra manera, el día acaba con la victoria del Barça … Mañana será otro día.

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